Hoy salí después de varios días de reclusión. Fui al bosque de Palermo (a tres cuadras de mi casa), me tiré a recargar las pilas al sol y leí un poco a pesar del rugido de Av. del Libertador. Ya me iba cuando pasó un flaquito trotando y me habló.
EL – Hola, ¿tenés hora?
YO – No, pero me gustaría tener.
EL – Hace mucho que no voy al campo, ya me olvidé de calcular la hora con el sol.
YO – Yo en verano sé calcularla. Pero en otoño, no.
EL – Ah claro, viste que en verano recién a las 7-8 baja el sol.
YO – ??
EL – ¿Serán las 4 y media más o menos? ¿O más tarde?
YO – Pero, ahora que veo, vos tenés reloj (alcancé a distinguir las agujas, marcaban las 5 menos 10).
EL – Emm… sí, pero no anda. No quiero que pienses que te mentí.
YO – No te preocupes. Chau.
EL – ¿Querés que te acompañe?
YO – No, gracias. Chau.
Caminé unos metros y le pregunté la hora a un tipo que leía el Diario Popular. “Las 5 menos 10”, me dijo.

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