El 20 de diciembre de 2001 estuve en casa con mi sobrino Ramiro, siguiendo la información por diferentes medios, con mucha tensión. El quería ir a la Plaza. Hasta que escuchó la noticia: “En Crónica dicen que hay un muerto”. No fuimos a ningún lado. Nos quedamos mirando la tele, sufriendo con la imágenes de los caballos golpeando a las viejas, del pibe caído enfrente de un banco, con un balazo en la cabeza. Un montón de preguntas difíciles de responder, mientras seguían lloviendo las malas noticias. Más muertos, gente esquivando palos y balas por la 9 de julio; el helicóptero con De la Rúa huyendo; la devastación, los saqueos…
A los pocos días, lo llevé a uno de esos cacerolazos que llenaron la Plaza de Mayo. Durante todo el trayecto, desde Santa Fe y Scalabrini Ortíz hasta la Pirámide (6 km?), se la pasó gritando, golpeando con un fierro una chapa. Y cuando nuestra columna (Palermo) pasó enfrente de un grupo de policías apostados en Callao y Corrientes, se sumó, híper violento, al grito de “Lo sabía, lo sabía…”. El tenía 13 años, no era un baby pero tal vez porque no es porteño, conserva mucha inocencia y es calmado. Por eso me quedó grabada su cara roja de bronca, como si hubiese explotado animado por la muchedumbre. “Calmate un poco”, me acuerdo que le pedí. Pero claro, yo misma era una llamarada. Con lo justo, llegamos a la Plaza. Al entrar por Avenida de Mayo, más excitación. Alguien que alguna vez haya entrado encolumnado a Plaza de Mayo después de una larga marcha, sabe de qué hablo. Después de la locura, nos tiramos en el pasto. El Cabildo, la Catedral, la Pirámide, la Casa Rosada, los bombos… Yo, que conocí ese lugar recién a los 17 años, también en el marco de una gran protesta, me alegré de haberlo llevado a pesar del episodio de la policía. “Tendría que haber venido más gente”, me dijo, aunque el lugar reventaba. “Ahora vienen los piqueteros, esperá”, le contesté. Cuando llegaron los piqueteros, la asambleas barriales decidieron irse. Nosotros dos también nos fuimos, caminando por Diagonal.
– El viernes que viene, si las cosas no mejoran ¿venimos de nuevo?
– Claro.

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